Viernes
Sábado por la mañana: mi mejor amiga de la universidad me llamó para pedirme algunas de las invitaciones a nuestra ceremonia de graduación, porque las 7 tarjetitas no alcanzaron para todos sus invitados... Sorry Yaya, estamos en las mismas...
Ésta llamada cortó el sueño - ojo, no era húmedo - que tuve con un amigo, al que el viernes en la noche llamé en un fallido intento de rescatarme de mi ataque de aburrimiento, el hecho es que ese viernes, como era de esperarse, mi amigo estaba con su enamorada; y, así sucesivamente, seguí buscando un alma caritativa que viniera en busca de ésta damisela en apuros... Pero no... Nadie acudió y tuve que resignarme a seguir jugando "Solitario" - "Spider", por si acaso, porque el clásico ya es excesivamente depresivo -, mientras mis amigos seguían ensimismados en su juego de "Uno" y en su amena charla acerca de Manowar...
En medio de éste amasijo de situaciones, recordé que me habías llamado unas horas antes, asumo que "querías verme" - aunque en realidad se que lo que querías era ponerle punto final a todo -, pero te dije que no, que no quería salir, que vinieras a mi casa, nada de lugares "neutrales" o equidistantes. "Si me vs a cortar las alas, no seas tan hijo de puta de hacerme volar hasta Magdala" - pensé. Así que decliné ante aquella propuesta, a pesar de que yo SI QUERÍA VERTE. Han pasado exactamente algo más de 4 semanas desde la última vez que te ví, aquella noche fue "perfecta" - o cuasi perfecta - hasta que recibiste su llamada y en un arranque de cobardía preferiste salir huyendo sin explicarme nada... ¿Por qué?... Si sabes que yo te entendía - o te entiendo - "un toque más que el resto", como una vez me dijiste. Y cuando te enteraste - gracias a mí misma - que yo había oído toda la conversación post llamadam que sostuviste con tu amigo; mientras, según tú "yo dormía y estaba muy lejos" - ¿Cuándo entenderás que tengo oído de tísico? - elegiste como estrategia, el silencio absoluto...
Pero debes tener presente algo: ser cobarde, ya no es una alternativa y menos aún a tu edad; además, no vale la pena... Porque... ¿Qué es la vida si no un constante riesgo? No podemos pasarnos la existencia entera huyendo de "situaciones difíciles" - aunque yo piense que nada es tan malo en la vida -, como buen "sabinero" aquella frase de Joaquinito, inmortalizada en un dúo con la Vargas:
"Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena".
Tengo que admitir que después del final te voy a extrañar muchísimo. Extrañaré tus ojitos dormilones; tus labios que parecen delineados por una mano artista y con un color carmín sin precedentes en los ejemplares masculinos que conocí antes; tus canitas, aquellas que a pesar de tu rostro de chiquito malcriado, delataban tu edad - ¡Cómo me gustaban esas malditas! -: tus "entradas", que eran el inicio de tu calvicie genética; tus manos; tu lengua; y, a cada uno de tus lunares - no sabes lo espectacular que era verte dormir, mientras yo buscaba figuras en tu espalda, como una especie de "unelospuntos" epidérmico parecido a aquel que de pequeña me gustaba realizar en el diario dominical -...
Pero sin duda alguna lo que más voy a echar de menos son los viernes - sí, como el último, a ésto quería llegar -. Los viernes por la noche y los sábados con resaca. Aquellos viernes salpicados de risas, inundados de Sabina, manchados de tertulia y perfumados con el aroma del vino, que tú mismo me enseñaste a catar - cuando no era vino, era tequila o champán -.
Es que será imposible no evocar aquellas kilométricas charlas de viernes que terminaban cuando "el insolente sol, como un ladrón entraba por la ventana", y ambos caíamos rendidos ante Morfeo, pero ahí estaban siempre tus brazos dispuestos a rodearme. Gracias a tí descubrí el placer de dormir abrazada y de despertar, también, abrazada, y lo que más me gustaba era tu cara relajadaza, babeando la almohada - era una imagen muy tierna, aunque no lo creas -.
Sí, soy muy fuerte, todos lo saben. Probablemente, en unos meses no serás más que un buen recuerdo. El recuerdo de un "señor" que me enseñó mucho, quien me ayudó a descubrir, a sentir - la experiencia del jacuzzi fue irremediablemente inolvidable -.
Confesaré que sí estoy algo resentida, esperaba un poco más de tí; es cierto, pero sé que a excepción de tu tamaña cobardía, no tengo nada más que reprocharte. Nunca me hiciste daño, aunque alguna vez mi hígado y yo te hayamos comparado con P.J., no nos hagas caso. Siempre serás tú, único, diferente una especia rara, así como yo; un par de saturnianos incomprendidos, pero que se jodan los profanos... ¿No?... jajaja... Creo que me será muy difícil volver a encontrar a alguien que me entienda tanto.
Terminaré diciendo que me encuentro en una disyuntiva, pues no sé si extrañaré "nuestros viernes" o sólo te extrañaré los viernes, pero espero por mi propia cardio - salud que mi corazón escoja la segunda opción... "Vamos Bobby, sé bueno con mami"...
Ésta llamada cortó el sueño - ojo, no era húmedo - que tuve con un amigo, al que el viernes en la noche llamé en un fallido intento de rescatarme de mi ataque de aburrimiento, el hecho es que ese viernes, como era de esperarse, mi amigo estaba con su enamorada; y, así sucesivamente, seguí buscando un alma caritativa que viniera en busca de ésta damisela en apuros... Pero no... Nadie acudió y tuve que resignarme a seguir jugando "Solitario" - "Spider", por si acaso, porque el clásico ya es excesivamente depresivo -, mientras mis amigos seguían ensimismados en su juego de "Uno" y en su amena charla acerca de Manowar...
En medio de éste amasijo de situaciones, recordé que me habías llamado unas horas antes, asumo que "querías verme" - aunque en realidad se que lo que querías era ponerle punto final a todo -, pero te dije que no, que no quería salir, que vinieras a mi casa, nada de lugares "neutrales" o equidistantes. "Si me vs a cortar las alas, no seas tan hijo de puta de hacerme volar hasta Magdala" - pensé. Así que decliné ante aquella propuesta, a pesar de que yo SI QUERÍA VERTE. Han pasado exactamente algo más de 4 semanas desde la última vez que te ví, aquella noche fue "perfecta" - o cuasi perfecta - hasta que recibiste su llamada y en un arranque de cobardía preferiste salir huyendo sin explicarme nada... ¿Por qué?... Si sabes que yo te entendía - o te entiendo - "un toque más que el resto", como una vez me dijiste. Y cuando te enteraste - gracias a mí misma - que yo había oído toda la conversación post llamadam que sostuviste con tu amigo; mientras, según tú "yo dormía y estaba muy lejos" - ¿Cuándo entenderás que tengo oído de tísico? - elegiste como estrategia, el silencio absoluto...
Pero debes tener presente algo: ser cobarde, ya no es una alternativa y menos aún a tu edad; además, no vale la pena... Porque... ¿Qué es la vida si no un constante riesgo? No podemos pasarnos la existencia entera huyendo de "situaciones difíciles" - aunque yo piense que nada es tan malo en la vida -, como buen "sabinero" aquella frase de Joaquinito, inmortalizada en un dúo con la Vargas:
"Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena".
Tengo que admitir que después del final te voy a extrañar muchísimo. Extrañaré tus ojitos dormilones; tus labios que parecen delineados por una mano artista y con un color carmín sin precedentes en los ejemplares masculinos que conocí antes; tus canitas, aquellas que a pesar de tu rostro de chiquito malcriado, delataban tu edad - ¡Cómo me gustaban esas malditas! -: tus "entradas", que eran el inicio de tu calvicie genética; tus manos; tu lengua; y, a cada uno de tus lunares - no sabes lo espectacular que era verte dormir, mientras yo buscaba figuras en tu espalda, como una especie de "unelospuntos" epidérmico parecido a aquel que de pequeña me gustaba realizar en el diario dominical -...
Pero sin duda alguna lo que más voy a echar de menos son los viernes - sí, como el último, a ésto quería llegar -. Los viernes por la noche y los sábados con resaca. Aquellos viernes salpicados de risas, inundados de Sabina, manchados de tertulia y perfumados con el aroma del vino, que tú mismo me enseñaste a catar - cuando no era vino, era tequila o champán -.
Es que será imposible no evocar aquellas kilométricas charlas de viernes que terminaban cuando "el insolente sol, como un ladrón entraba por la ventana", y ambos caíamos rendidos ante Morfeo, pero ahí estaban siempre tus brazos dispuestos a rodearme. Gracias a tí descubrí el placer de dormir abrazada y de despertar, también, abrazada, y lo que más me gustaba era tu cara relajadaza, babeando la almohada - era una imagen muy tierna, aunque no lo creas -.
Sí, soy muy fuerte, todos lo saben. Probablemente, en unos meses no serás más que un buen recuerdo. El recuerdo de un "señor" que me enseñó mucho, quien me ayudó a descubrir, a sentir - la experiencia del jacuzzi fue irremediablemente inolvidable -.
Confesaré que sí estoy algo resentida, esperaba un poco más de tí; es cierto, pero sé que a excepción de tu tamaña cobardía, no tengo nada más que reprocharte. Nunca me hiciste daño, aunque alguna vez mi hígado y yo te hayamos comparado con P.J., no nos hagas caso. Siempre serás tú, único, diferente una especia rara, así como yo; un par de saturnianos incomprendidos, pero que se jodan los profanos... ¿No?... jajaja... Creo que me será muy difícil volver a encontrar a alguien que me entienda tanto.
Terminaré diciendo que me encuentro en una disyuntiva, pues no sé si extrañaré "nuestros viernes" o sólo te extrañaré los viernes, pero espero por mi propia cardio - salud que mi corazón escoja la segunda opción... "Vamos Bobby, sé bueno con mami"...
